Quizás una de las citas más famosas de la literatura universal fue escrita por William Shakespeare en su obra Hamlet: Ser o no ser, esa es la cuestión. Este pequeño soliloquio encierra una verdad profunda, es toda una síntesis de los procesos mentales de indecisión y duda que todos hemos vivido alguna vez.

Si pensamos en nuestro trabajo, es quizá también el día a día en cuestiones de agilidad. La decisión entre ser ágil o aplicar la agilidad. Pero, ¿cuál es la diferencia?

  • El ser tiene que ver con la esencia, con los valores y principios.
  • El hacer es ejecutar, en este caso, las prácticas ágiles… que bien podríamos hacer incluso sin ajustarnos a los principios, es decir, sin tomar en cuenta la razón de ser de dichas prácticas.

Ese es precisamente el dolor de cabeza en muchas implementaciones ágiles; independientemente del modelo o la metodología, nos preocupamos por hacer las cosas, sin tener en mente la razón de ser de estas prácticas. De hecho, si nos queremos ver muy puristas, en el noveno párrafo de la historia del Manifiesto Ágil podemos ver que realmente la agilidad es un movimiento y por ello como tal tiene su propio manifiesto.

Dejando de lado un poco la historia, podemos entonces decir que ‘Ser Ágil’ es vivir y respirar los principios y valores de la agilidad, por supuesto a través de las prácticas ágiles, pero hacerlo día a día, conscientes de todo lo que esto implica.

De las tantas definiciones que hay de agilidad, encontré una de Rash Khan que dice: Agile es una mentalidad progresiva, basada en un conjunto de principios, valores y prácticas que permite una entrega más rápida e iterativa de resultados empresariales de calidad a través de escuadrones empoderados y autodirigidos. (Sí… escuadrones, en el artículo original utiliza la palabra squads).

Esta definición me gusta porque viene acompañada de una pirámide de los conceptos que hemos manejado, donde en la base están los valores, en la parte media los principios y al tope de la pirámide están las prácticas. La base para la ejecución de las prácticas debería ser los principios y valores, que traducido a nuestro artículo sería que el hacer tiene que estar sustentado en el ser.

Podemos encontrar muchas prácticas en los diferentes modelos ágiles: Scrum, Kanban, Scrumban, Extreme Programming, Lean, SAFe, Test Driven Development, Behavior Driven Development, Management 3.0 y muchos más, pero recordemos: ser ágil es una mentalidad, no sólo el conjunto de prácticas.

Bajo esta premisa, muchos modelos o metodologías incorporan sus propias variantes a los valores y principios del Manifiesto Ágil. SAFe es uno de ellos y otro que en lo particular me llama mucho la atención es Management 3.0, ya que está enfocado a la administración más que al proceso productivo.

La definición de lo que es Management 3.0 es interesante, ya que nos indica que “Es una forma de pensar, combinada con una colección de prácticas, juegos y herramientas para ayudar a cualquier persona a gestionar la organización”. Es vital observar que lo primero es el ser (forma de pensar) y luego el hacer (prácticas, juegos y herramientas). Y de hecho tiene sus propios principios:

  • Comprometer a las personas y sus interacciones.
  • Mejorar el sistema.
  • Ayudar a deleitar a los clientes.
  • Gestionar el sistema, no a las personas.
  • Co-crear el trabajo.

No hablaremos de las prácticas en este artículo, pero sí debemos tener en cuenta algo: independientemente de las prácticas que Management 3.0 defina, todas deberían de atender al propósito de los principios presentados anteriormente, ya que los principios son las normas que nos orientan a las personas al momento de tomar decisiones.

¿Has trabajado con ágil? ¿Qué modelo o prácticas has implementado? ¿Estás consciente de los principios y valores que aplicas con ellos?

Al margen de estas reflexiones personales, quiero terminar parafraseando a Shakespeare:

Ser o no ser ágil… ¿Aún tienes alguna cuestión?


Mauricio Arreola, Consultor Sr. en Capability Boosters